30.5.17

ESCOLIO II







LA CANTIDAD REÑIDA CON LA CALIDAD. EUROVISIÓN Y LA DECADENCIA.

La cantidad de países que tras la caída del muro de Berlín y la Unión Soviética se sumaron al festival de Eurovisión no trajo consigo ni más riqueza artística ni pluralidad musical a tal evento. Paradójicamente, antes, en los sesenta y setenta, cuando los países que acudían al concierto de Eurovisión eran la mitad de la mitad que ahora, Eurovisión sí que constituía un evento y emergían estrellas musicales internacionales de las citas anuales. A Eurovisión le ha ocurrido lo que a las cadenas de televisión: a mayor cantidad de cadenas, menor calidad de la oferta televisiva.

Eurovisión no tiene nada que ver con la riqueza folklórica y musical de Europa, sino que refleja la celebración uniformante de un estilo de canción ligera que es, a su vez, expresión de unas formas culturales predeterminadas por lo pop. Eurovisión está a años luz de las espléndidas músicas nacionales de cada uno de los países que conforman Europa. Las estupendas músicas de países como Hungría, Bulgaria, Ucrania o Rumanía pertenecen a otro universo, es decir, a Europa, y tienen poco que ver con el canon de vulgaridad perfumada e impersonal aborregamiento que identifica a Eurovisión. Habría que inventar un festival que verdaderamente premiase las nuevas creatividades que se dan en los distintos países de esta constelación única en el mundo llamada Europa, y que fuese verdadera expresión de lo que a nivel nacional se produce en todos estos lugares, tan distintos en sus registros sonoros como unidos en un mismo proyecto político. El que Europa ignore su propia riqueza cultural a través de la aceptación representativa de festivales como Eurovisión y el que este se haya convertido tras el delirio de cursilería en que ha degenerado con los últimos años, en mito gay, nada menos, confirman ese grado de decadencia que el mundo cultural estereotipado que nos rige, se permite.       

 




 

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